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Desde Aeca-ITV se recuerda que España ha sido pionera en la implantación de la ITV a todos los vehículos de dos ruedas, y en especial a los ciclomotores. En la actualidad solo 17 de los 28 estados miembros de la UE disponen de un sistema de inspecciones regulado para este tipo de vehículos.
Desde que se implantó la ITV hace una década, el número de conductores de ciclomotor fallecidos en vías urbanas ha descendido en casi un 80%. Si en 2006 eran habituales las 103 personas fallecidas, en 2015 son 28.
La elevada accidentalidad de los ciclomotores ha sido siempre uno de los mayores desafíos a los que se han enfrentado los diferentes organismos implicados en la seguridad vial. En el periodo 2003-2006, los ciclomotores eran solo un 7,5% del parque de vehículos pero representaban el 30,67% de fallecidos y el 40,82% de heridos graves hospitalizados por accidente de tráfico en vías urbanas.
Debido a estas fatídicas estadísticas, el Ministerio del Interior incluyó en el Plan Especial de Seguridad Vial para el año 2004 que este tipo de vehículos fueran sometidos a la ITV, la cual empezó a aplicarse en 2007. El resultado parece alentador, pues en 2015 el porcentaje de fallecidos conduciendo un ciclomotor en vía urbana había descendido hasta el 6,35%, y el de heridos hospitalizados hasta el 10%.
Además de velar por que dichos vehículos son seguros para los propietarios y resto de usuarios de la vía, la ITV mide los niveles de ruido, velocidad máxima y emisiones contaminantes de los ciclomotores.
